Cada vez más esta tipología constructiva gana espacio en nuestro entorno

Cuando pensamos en viviendas de madera, a muchos la imaginación nos traslada a la Casa de la Pradera. Sin embargo, en Norteamérica o en los países bálticos la madera es un componente principal en la construcción de viviendas unifamiliares, especialmente por el aislamiento térmico que aporta y por el ahorro energético que conlleva.

En España, en cambio, estamos demasiado acostumbrados al cemento y al pladur, pero en la última década la construcción en madera va ganando adeptos.

Si se analiza el clásico chalet unifamiliar que impera en los países punteros en esta tipología constructiva, descubriremos que cuenta con revestimientos, paredes y soportes de madera, sin que por ello pierda un ápice de solidez. Frente a las estructuras tradicionales de ladrillo o de forjado, el uso de listones o módulos de madera implica ahorrar energía durante la construcción de la vivienda y seguir reduciendo el consumo energético una vez habitada, que puede oscilar entre un 50 y un 60%.

Además de su eficiencia energética y de su composición natural y ecológica, la madera es un aislante natural, lo que le permite combatir de manera más eficiente con los cambios climatológicos y con la humedad al tiempo que se integra con el entorno de forma menos gravosa que el cemento o los materiales sintéticos. Por otra parte, su capacidad para absorber las altas temperaturas sin apenas variar de tamaño y sin debilitarse -como ocurre con el hormigón y el acero-, le otorga una durabilidad excepcional, siempre y cuando se cuide periódicamente su superficie contra el daño de plagas y desperfectos.

Una de las cuestiones que hacen que aún se sea reticente respecto al uso de la madera tiene que ver con el fuego. Hay quienes temen que cualquier “descuido” pueda reducir a cenizas una casa de madera en segundos, como en los dibujos animados. Es cierto que, durante un tiempo de exposición prolongado, el fuego consume la madera que forma la estructura de una casa, pero no es menos cierto que lo que arde en realidad son los muebles y enseres, que se consumen antes de que paredes y vigas puedan deteriorarse.

Cabe señalar que las de construcción tradicional tampoco son ajenas a sufrir incendios y que estas también pueden quedar reducidas al solar, dado que las altas temperaturas deforman y agrietan la estructura  con el calor, con lo que quedan sujetas al derribo total por la perdida de seguridad constructiva.

A la hora de construir una casa de madera, el material nos aporta facilidades para diseñar el espacio habitable, gracias a sus propiedades físicas y sus posibilidades técnicas. Además, cobra auge entre los que optan por este modelo constructivo, la afición por la auto-construcción, otorgándole con ello, el sello personal a la vivienda por parte de quienes la disfrutarán una vez finalizada.

Si de recopilar ideas se trata para si decidimos optar por las viviendas de madera frente a las de hormigón, en este sentido, internet nos ofrece páginas web especializadas en el tema como “homify” y en la que se ofrecen consejos constructivos, desde cómo acometer algunas reformas hasta la conservación de las mismas. Tareas que cualquier persona con algo de conocimientos básicos puede realizar.

Pero otro de los aspectos que hacen que se pueden enorgullecer los dueños de casas construidas en madera, es de la atmósfera natural y saludable que transmiten sus viviendas. No en vano, usar madera para construir reduce las emisiones de CO2, al mismo tiempo que filtra el aire en el interior de la vivienda y facilita que no se concentren los malos olores, las atmósferas cerradas o la humedad. De este modo, una casa de madera no sólo es una vivienda orgánica y sostenible, sino también un lugar acogedor en el que es fácil sentirse cómodo.

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Texto de Gomera Actualidad.

Imagen de Julie Schwienebart .

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